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Lua: fuerza de voluntad

Hay fechas que, por mil motivos distintos, adquieren una cierta relevancia en nuestras vidas. Para nosotros, para toda la tropa de casa, el 4 de Marzo de 2008 es la fecha en que Lua entró en nuestra vida.

Por aquel entonces, empezábamos a estar concienciados del “problema galgo”, y nos estábamos implicando (en la humilde medida de nuestras posibilidades) en la lucha contra el maltrato atávico que sufre esta raza en España.

Ya hacía un año que habíamos adoptado a Dora, y estábamos comenzando a sufrir síntomas alarmantes de “galguitis aguda”. Consultábamos a menudo las webs de asociaciones de rescate, de protectoras, de voluntarios, y fué así como conocimos a Lua.

Recuerdo que en su ficha había una frase que me llegó al corazón. Después de explicar las miserias que habia padecido esta perra hasta su rescate, Ana, que la tenía acogida en Los Barrios, decía algo así: “Ojalá su edad no le impida encontrar un hogar”. Pues no. Los nueve años de edad de Lua no fueron ningún impedimento. Bien al contrario. Aquél fué el detalle que nos acabó de decidir. Pensamos que en aquel momento Lua nos necesitaba, que le quedaban pocas oportunidades y decidimos adoptarla. Punto.

Tal vez hubo ciertas dudas. Algunos dias atrás Núria habia descubierto a Pixie, una cazadora muy viejita que estaba esperando familia en una protectora. No teníamos del todo claro a cuál de las dos “aspirantes” adoptar. En casa vivían ya cuatro perros y dos gatos, por lo que un aumento de inquilinos por partida doble no parecía aconsejable. Había que decidir: Lua o Pixie. El problema era que ambas nos habían tocado la fibra sensible y sabíamos que la que resultase descartada nos estaría “incordiando” en la conciencia durante mucho tiempo. Al final, Mariona, que es en definitiva quien se ocupa con más dedicación de los animales de casa, tomó la decisión salomónica (que todos los demás esperábamos que tomase, aunque no nos atreviésemos a pedírselo): No habría que decidir: ni Lua ni Pixie; las dos.

Lamentablemente, Pixie ya no está con nosotros. Se marchó sin hacer ruido (como siempre habia hecho ella), y además de una huella profunda en nuestro corazón, nos dejó la sensación de haber tomado una decisión correcta. Jamás nos hubiésemos perdonado el no poder compartir los buenos momentos que vivimos juntos y no haberle dado la oportunidad de llegar al final de su vida rodeada de cariño y de atenciones. La vieja gruñona se lo merecía.

Otra fecha para recordar: el 11 de Abril de 2009. Hoy hace un año. Aquel dia habíamos ido, como de costumbre, a pasear un ratito por la “pineda”. Los galgos de casa estaban corriendo (como hacen siempre que vamos allá) y Lua (como hace siempre que se presenta la ocasión) les estaba persiguiendo para reñirles. En eso, Lua supera incluso a Pixie. Es muy mandona, muy gruñona, y no le gusta que los demás galgos corran más que ella.

Y de repente... la tragedia, la catástrofe.

Aún hoy no sabemos qué pasó. Oímos un crujido, un chillido, una voltereta grotesca y después... el silencio. Los demás galgos dejaron de correr y Lua quedó tendida en el suelo, inmóvil, como muerta. Algo de su columna vertebral se había roto o dañado muy severamente. El caso es que nuestra Lua quedó paralizada.

Un tratamiento muy largo, una recuperación lentísima, los cuidados impagables de Mariona y Núria y la férrea voluntad de esta luchadora, han hecho posible el milagro. Un año después del accidente, Lua se vale sola. Puede andar (eso sí, con pasitos muy cortos e inestables), alguna vez incluso ha llegado a correr un poco, pero, por encima de todo, una vez más ha sobrevivido, ha salido adelante.

Después de sus primeros años, que debieron ser muy duros (quienes la rescataron, la encontraron en una mísera cabaña donde estaban hacinados más de cincuenta perros, la mitad de ellos muertos) Lua ha decidido aprovechar cualquier instante de felicidad, y no piensa renunciar a ningún momento sin dejarse la piel en ello. Como reza el Talmud hebreo: “un minuto de vida, es vida” y ella va a exprimir la suya hasta el límite.

Lua es una lección de voluntad, de supervivencia, de esfuerzo. Tomemos nota todos aquellos a los que nos puede el desánimo o el pesimismo, tal vez porque lo hemos tenido todo demasiado fácil. El ejemplo de esta perra nos debería acompañar siempre. Si algo nos va mal, que no sea porque hemos bajado los brazos.

Ojalá que, de la misma forma que su imagen nos identifica (Lua es nuestro logo), su peculiar sentido de la lucha y la constancia sea el modelo que tengamos siempre los que, de una forma u otra, hacemos posible esta idea preciosa, este esfuerzo común, que es “Galgos112”

Gracias Lua. Gracias por tu amistad, por tu compañía y por tu ejemplo. Y gracias también por demostrarnos que algunas veces, como cuando decidimos adoptaros a Pixie y a tí, las decisiones que se toman con el corazón son mejores que las que nos aconseja el sentido común.

Josep

Voluntario, co-fundador, de Galgos 112 y adoptante de Lua

 
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