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1ª Fira Animalista de Calella

Proti

Hola, esta es una historia más de galgos, y de como los galgos cambian a las personas.

Este invierno pasado tuve un accidente laboral, recibí una descarga y me abrasé la mano. Estuve un mes de baja y llegué a medio recuperar físicamente, y muy tocada al nivel psicológico, porque había estado a punto de morir, y habían decidido que por mi culpa, y tenía depresión, insomnio y ansiedad.

Cuando llegué, había aparecido por la obra un perro, un galgo. Es la primera vez que veía un perro de esta raza al natural, una cosita flaca, color natilla, con una patita rota, mucho frío y mucho miedo, que refugiaba debajo de los grupos electrógenos y se acostaba en las mantas de lana de roca (para el que no lo sepa, pican un barbaridad) y tenía toda la pancita en irritada.

A base de paciencia, darle de comer y tratarlo bien, empezó a pedirle caricias a todo el que se le acercaba, y se venía conmigo a darle una vuelta a la obra a mi lado, como si fuera de la correa. También veía la cara de desesperación que se le ponía cuando nos íbamos y lo dejábamos allí...

Me enteré que iban a llamar a la perrera porque podía provocar un accidente de tráfico, y empecé a escribir a todas las protectoras. Ahora sé lo desbordados que estais todos, pero entonces me desesperé al ver que nadie me contestaba (Vosotros me contestasteis después, muchas gracias Marité, parece que estés en mil sitios a la vez). Llegó el día que se echó a morir; No quería comida, no quería agua, hacía dos grados de temperatura ese día y estaba tumbado a la sombra, teniendo el sol a dos metros... lo monté en la furgoneta y me lo llevé a casa, y lo dejé en el sofá con una manta, un barreño con agua y un montón de comida.

Ese fue el día que mi vida cambió.

Yo nunca he tenido perro porque mi madre me tenia enseñada que si los perros no se pueden cuidar debidamente no se deben tener (cosa que se podrían aplicar más de uno en este país), que los perros enferman de soledad, si pasan mucho tiempo solos, así que Proti fue el primer perro de mi vida, un perro con ataques de pánico, ansiedad por separación, que no soportaba estar solo..... Nunca pensé que fuese culpa de mi pobre amigo, siempre tuve claro que era mi culpa porque yo tenía toda la buena intención del mundo, pero muy pocos conocimientos útiles de como cuidar a un perro traumatizado y volví a ponerme en contacto con la gente que sabe del tema, Galgos 112 y refugio Kimba para buscarle una familia que supiera como cuidarlo.

A los pocos días empecé a ver cambios.

El mismo día que lo recogí, cuando lo saqué por la noche, de repente se irguió y sacó un porte que no podías adivinar que tuviera.

A los dos días, me tentaba para jugar como si fuese otro cachorro.

A las dos semanas, ya no era amarillo, era canelo.

A menos de un mes, era el protagonista del barrio, saludaba a todo el mundo y todo el mundo le conocía y le quería. Me llevaba el bolso por las mañanas a la cama, como diciéndome "venga, vámonos a la calle", se hizo adicto a la calle y dueño del sofá. Intentó todos los días jugar con el gato de mi madre, y al final consiguió que fuese su amigo.... de siesta. Le encantaba la playa, y teníamos una pandilla para jugar. Al mes, descubrió que una pelota de tenis es una cosa maravillosa, y enamoró a mi madre, y a mi hermana, ¡Que tiene fobia a los perros!, me escondía los bollos de pan bajo las sábanas de mi cama (y luego la cama estaba perfectamente hecha). Paseábamos todas las tardes durante horas y luego nos dormíamos el CSI en el sofá, cada uno en su lado pero siempre tocándome con el morrito o con las manitas, suspirando de gusto. Aprendió que cuando le arropaba con su manta era como si le dijese "te quiero, mi chico", y por eso siempre se estaba destapando. Aprendió que le gustaba que le cepillasen y que le lavasen los dientes, y decidió que le divertía que le enseñase a sentarse, echarse, dar la pata, siempre y cuando le diese jamón (y yo lo ponía a hacer demostraciones a la gente, para que luego digan que los galgos son tontos). Habíamos llegado al acuerdo de que yo mandaba, pero porque me dejaba mandar.

Fue la época que más me he reído en mi vida. Es cierto, los perros no saben de etiquetas. Si hubiese estado tirada en la calle me hubiese querido lo mismo. Es maravilloso saber que para tu perro eres lo más bonito y lo más valioso del mundo, seas como seas. Pero además, con su tranquilidad, te transmite tranquilidad, con su alegría, alegría, con su dulzura dulzura. Te obligas a ser templada y serana para no alterarle, hasta que al final sale solo. Es tan feliz cuando está en la calle que te lo contagia y pasas horas y horas paseando. Te vuelves a reír a mandíbula batiente (quien no lo haría cuando abre la cama y se encuentra el trozo de pan, o se despierta y se encuentra un perro feliz con un bolso en la boca?), te relacionas con toda la gente que se para a decirte lo precioso que es tu perro, y era mucha gente, mi Proti tenía un club de fans, y cuando te das cuenta, has pasado de tener una de las épocas peores de tu vida, a estar viviendo una de las mejores. La galgoterapia es posible, yo doy testimonio de ello.

En enero superó por fin la ansiedad por separación, y desde entonces todo fue idílico, ese perro es la personificación de la alegría. Fui a mi veterinaria a decirle que le pusiese el chip, que me lo iba a quedar y me dijo que estaba ya adoptado, que se iba en marzo.

Casi me echo atrás y me lo quedo, pero me había comprometido con la protectora, y todos los tratamientos veterinarios me los habian dejado a coste de protectora. Además, seguía pensando lo que mi madre me enseñó, que los perros se merecen más dedicación.

Mi niño se fue el 4 de marzo, y ahora vive en Alemania con su familia de adopción, que tiene tres galgos más (el es mucho, más bonito), y caballos. Del matrimonio, el o ella trabaja en casa. Es muy feliz, y me alegro, pero lo echo mucho de menos.

Él me metió de lleno y sin anestesia en los problemas de los animales de este país, y de los galgos en general. Colaboro con una protectora, compro regalos baasgalgo, intento ayudar. Cuando llegue a mi nuevo traslado, me pondré en contacto con la protectora de la zona para hacer voluntariado.

El galguero que abandonó a mi Proti (y favor que le hizo), ha tomado la costumbre de abandonar a sus perros por aquí, porque de vez en cuando aparece un galgo sospechosamente parecido a mi niño por aquí. He intentado cogerlos, pero hasta ahora ha sido imposible. Ahora estoy intentándolo con el último, y espero si poder coger a este y me lo quedo, porque yo no quiero tener perro, es que lo necesito, necesito recuperar la alegría que perdí cuando mi niño se fue a Alemania.

Los galgos no son tontos, no son nerviosos, pueden vivir en un piso pequeño, no necesitan mucho ejercicio. La mayoría de los problemas de los galgos se los hemos causado las personas. Ayudándolos, te ayudas a ti misma, hacen mas por ti que tu por ellos.

Este relato va por mi Proti, al que echo de menos a diario.

Te quiero, mi chico

Dulce - mami de acogida de Proti

 
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