
¿Y ahora, qué?, es el primer pensamiento que me viene a la cabeza, cuando abro el correo, y lo primero que veo, es un mail, que camuflado entre los verdaderos mails que piden socorro, éste hace lo propio, pero destaca especialmente entre los demás.
Quizás sea porque me resulta familiar, ya que en su encabezamiento leo el nombre de un galgo, adoptado hace poco más de un año.
Imposible olvidar su nombre, como imposible olvidar a ninguno de los galgos que han pasado por nuestra asociación, para encontrar una familia que les quiera, pero mi primer pensamiento, y el vuelco que me ha dado el corazón, intuyendo problemas, no se equivocan.
Empiezo a leer, como siempre, flores y pétalos de rosa para nuestra asociación y la labor que desarrollamos, pasando por las delicias y virtudes del magnífico galgo que pusimos en sus vidas, y mientras leo, la respiración se me acelera temiéndome un fatal desenlace, cuando efectivamente llego a la parte “con todo el dolor de nuestro corazón, tenemos que devolverlo”.
Aquí es cuando un enorme sentimiento de frustración se apodera de mi, teniendo a certeza que este episodio, dejará una huella imborrable en el galgo, la dolorosa huella de perder a la única familia que ha conocido, y sabiendo que nos toca la tarea de encontrarle una nueva familia, y con la responsabilidad de no volver a equivocarnos, y sabiendo también, que ese lugar para el, será un lugar menos, para un galgo que esté en verdaderos apuros.
Mientras leo, empiezo a pensar en como estará, qué motivos le habrán llevado a este punto, e intento comprender las razones que me dan, para devolverlo como si fuera un juguete inerte, pero no lo consigo.
No puedo comprender que un cambio en la situación familiar, como el nacimiento de un hijo, o un cambio laboral, y la consecuente disminución de tiempo disponible, sean motivo para deshacerse de un miembro de la familia, porque que eso es precisamente lo que hablamos cuando adoptaron. Eso es lo que me prometieron, integrarle en sus vidas, y darle ese lugar en el seno de una familia que nunca tuvo, y hoy a golpe de mail, se lo arrancan de cuajo, y probablemente se irán a dormir tan panchos, sin importarles lo mas mínimo, lo que sentirá su compañero de vida al perderles, y sinceramente si les importa un poquito, y les quita el sueño, tanto mejor...
Y yo, sueño con tener una bola de cristal, que nos diga, qué adoptante, es adoptante de verdad y cual es solo un parche más, en la durísima y desarraigada vida de la mayoría de los galgos.
Sueño con que la gente deje de lavar sus conciencias, “por una temporada“, después de una ajetreada jornada de compras, y con un sentimiento de culpa por dejar la Visa temblando, aterrizan por casualidad en nuestra página web, y ¡¡zas!!, conmovidos por las preciosas y duras historias, que hay en ella, quieren pasar a formar parte de ese mundo altruista y alejado de todo materialismo, y hacer por una vez algo por alguien, sin esperar nada a cambio, pero se equivocan.
Un galgo te devuelve el favor con creces, porque es un ser noble y desinteresado, a diferencia de algunas personas, para las que el compromiso, la responsabilidad y la nobleza del gesto de adoptar, son cosas que pueden dar y quitar con tanta facilidad como pasar su tarjeta por un humeante datáfono.
Así que solo me queda decirles, a todos ellos, que esto no es una tienda, que no vendemos peluches intertes, y que se busquen otro lugar para lavar sus conciencias, porque señores, aquí, por desgracia, andamos todos muy ocupados.
Si adoptas, que sea para siempre.